jueves, 20 de mayo de 2010

LA CASTA DE CAIN 01

Sentía el sabor dulce de los pechos cuando ella le montaba y se abalanzaba sobre él para besarle el cuello morderle el labio o mesarle el cabello.

Sus vaivenes eran lentos, rápidos, acompasados le tenía bajo su merced y ella lo sabia… Veía como su cabello caía por sus pechos… húmedos por el sudor del calor del momento. Sus muslos sedosos se movían y su culo se erguía controlando la penetración de su erecto miembro a punto de estallar…

La oía gozar, la oía gritar de placer, sentía como hundía su caliente y húmedo sexo, como la empalaba de placer, la acariciaba los pechos con los pezones erectos la azotaba en cada vaivén el sudoroso culo. La veía morderse en labio intentando aguantar el chorro de placer que le proporcionaba. Se movía grácil y lujuriosa sobre él, le montaba con toda naturalidad con todo el control del que ella disponía y a él le empezaba a gustar.

Acariciaba los pechos sedosos pero les notaba a veces diferentes, ella le metía el dedo en la boca para que lo chupara e identificaba el sabor extraño, su olor cambiada de aquel que recordaba cuando hacían el amor a un olor nauseabundo e incluso en sus espasmos de placer su visión era reemplazada por otro ente otra persona diferente y extraña.

Cerró los ojos para no ver aquello no pensar en nada salvo en disfrutar hasta la exhalación.

Y cuando estaba a punto de correrse abrió los ojos ante lo que había sentido… un olor pútrido, de carne descompuesta… y eso es lo que vio, un ser cuya visión enloquecería a cualesquiera personas que osaran estar en su lugar. Aquella persona hace segundos la sentía como un ángel ahora era un cuerpo pútrido y descompuesto que seguía haciendo el amor con él… ahora ya no sentía la sedosidad de su sexo recorriendo su falo erecto ni los cabellos le cubrían los pechos cual Venus de Botticelli ahora de sus pechos reptaban gusanos su cabello casi inexistente estaba sucio y tenia calvas en la cabeza, la cara le sonrió enseñando unos dientes podridos su lengua se relamía llena de yagas por unos labios agrietados, cortados que supuraban pus hediondo. Los ojos ya no le miraban con lujuria y placer si no con ira, una ira inaguantable parecía que iban, iba pues solo tenía uno cuando le miro pues la otra orbita se cayó al pecho y rodo hasta el ombligo del asustado hombre.

Él solo pudo gritar, aullar hasta que su voz se ahogaba, mientras esa putridez se le clavaba en lo más hondo de la nariz y en su memoria olfativa. Y esa cosa se movía más deprisa con movimientos rítmicos a punto de llegar al orgasmo… Y cuando pareció que todo terminó la pútrida fémina sacó el flácido miembro y con una fuerza descomunal se lo arranco dejando un reguero de sangre que salía como el agua de una boca de riego. Lo cogió con las descompuestas manos y lo acaricio al igual que si fuera un gatito asustado calmándolo o quería intentar volver a cabalgar. Sonrió al hombre que casi estaba desmayado por el dolor y el miedo, acto seguido mordió el pene y se lo comió como si fuera una salchicha alemana. Cuando termino se relamió los dedos arrancándose en su estado de descomposición algunas uñas que cayeron sobre el pecho del capado hombre.

Y al final se abalanzó sobre la yugular arrancándole de un mordisco la piel y los múscu-los del cuello dejando al descubierto el hueso de la columna.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca te había leído escribir de esa manera, me haz dejado sin habla!!!

Astrónoma dijo...

Me ha molado la historia, hasta me la he imaginado!
Pero que bien escribes!!!