miércoles, 14 de enero de 2009

EL VERDADERO NUMERO DEL DIABLO

Esto es el primer captulo de un pequeño relato. Espero que les guste.

CAPITULO 1 LA ECUACION IMPOSIBLE

Cuando John se paró frente a la librería no sabía por qué estaba allí, únicamente un impulso le había hecho que se parara justo en el escaparate. Como si fuera un viejo atlante allí se quedó ordenando al cuerpo que se moviera que se fuera, luchando contra su mente y aquella sensación, aquella urgencia.

Con una mirada intentando recordar aquello que estaba oculto en lo más profundo de su mente, deslizaba los ojos por entre todos los artículos que estaban expuestos: novelas románticas, de ciencia ficción, algo de misterio pero sobre todo novela histórica. Nada de aquello le interesaba, ¿eso creía? Sus ojos se posaron en el interior de la librería, entre el reflejo de su cara inquisitiva y los ojos lejanos, aquellos ojos que ponemos intentando recordar un pensamiento escondido, vio un mundo alejado del ajetreo de la calle. Como plantas que crecen libremente en el campo, en el interior se alzaban enormes estanterías hasta el techo, repletas de tomos de libros, unos de aspecto mas vivo, otros con años de experiencia, que pasaron por muchos propietarios, dejando en ellos y ellos en él, algo profundo de sí mismos.

Un hombre vagaba por los pasillos algo oscurecidos, buscando diferentes tomos, cogiendo unos dejando otros. El hombre se paró justo en el pasillo que John desde fuera podía ver muy bien. Colocó algunos ejemplares, en una estantería de los lados, del montón que llevaba. Dejó la pila en una de las baldas para colocarlos luego. Se iba a ir hacia el fondo pero al final desistió, mirando hacia la calle… hacia John, agachó la cabeza para poder ver por encima de las pequeñas gafas, que se deslizaban hacia la punta de la nariz. Miró a fuera, se subió las gafas tocando el puente de estas con el dedo índice y se dio la vuelta mirando al fondo y dando la espalda a John por un momento. Cuando se volvió las gafas de nuevo se le deslizaron hacia la punta de la nariz, miró otra vez a John y una sonrisa se dibujó en su cara, yéndose hacia el mostrador donde le esperaba una joven pelirroja.

John seguía frente al escaparate hipnotizado por algo que no sabía, permanecía con la miraba fija, drogado, sobre ese pasillo. La tenue oscuridad y el reflejo del cristal no dejaban ver nítidamente de que trataban los libros o las secciones desde fuera. Una cortina de luz apareció al fondo del pasillo inundando de luz la estantería del fondo que estaba pegada a la pared. John salió de su letargo al comprobar lo que reposaba sobre una de las baldas: Un libro rojo apoyado sobre los cantos de los otros libros predominaba de entre los demás, no sólo su color e incluso ni siquiera que estuviera fuera de la colocación habitual en una estantería. Desde el exterior parecía que no disponía de portada, sólo el rojo predominante. Aquel libro era la razón de que le mantenía allí, aquel libro le estaba llamando.

El sonido de la campanilla avisaba que un nuevo cliente entraba, John abrió la puerta y no hizo caso ni al saludo del viejo con las gafas en la punta de la nariz, ni el “buenos días” de la joven pelirroja. Fue directo a aquel pasillo, a aquel libro. Los rayos del sol hacían brillar los detalles dorados de la portada. Carecía de titulo, únicamente la presentación consistía en la rojez de las tapas, unas suaves y rojas tapas de tela, algo ajadas, los picos descoloridos y rotos. En portada estaba dibujada un marco dorado de sinuosas líneas, pero nada más. Ni titulo, ni autor. Detrás, lo único que diferenciaba su anverso de su reverso, ahora se daba cuenta mirándolo detenidamente, cautivado por aquel volumen; era que en el interior de aquel marco de oro, en la esquina inferior derecha. Aparecía una pequeña inicial, pero esta vez plateada, una “C” de estilo antiguo como aquellas de las ediciones medievales. La tocó, acarició con el dedo índice, pero ese momento fue interrumpido por el viejo que se colocó las gafas en el pecho, colgando de un hilo que le rodeaba el cuello. John apretó el libro contra sí, temiendo que se lo quitaran.

-Veo que ha elegido, una excelente elección pero…-dijo al John intentando acercar la mano al volumen.

-Me lo llevo ¿Cuánto es? ¡Pagaré lo que sea!

-¿No le gustaría ojearlo?

John se quitó el libro del pecho y lo miró con deseo, pensado la pregunta.

-N… no-dudó.

martes, 13 de enero de 2009

EL DIAMANTE AZUL GUIA DE PERSONAJES Y GLOSARIO

Lo prometido es deuda, aquí tenéis la guia de pesonajes y el glosario.
Es una versión "beta" pues tenía otra algo más lograda pero se me ha muerto los HD y esta es la copia de seguridad más reciente.
Muchos de los personajes están ya definidos, a otros les falta un poco, el documento tiene erratas pues como digo es una beta.

http://sites.google.com/site/atravesdeunalentedetristeza/Home/GU%C3%8DADEPERSONAJES.docx?attredirects=0

Cuando lo pule un poco más pondré su versión terminada o por lo menos lo que le corresponde a lo que hay de relato.
Tambien estoy haciendo un mapa muy parecido a los del tipo ESDLA (Léase el señor de los anillos) como si fuera un pergamino.
Desde aquí digo que si alguien lo lee y desea proponer un tipo de mapa y colaborar en hacerlo, estaría gustoso de aceptarlo.

domingo, 11 de enero de 2009

EL DIAMANTE AZUL Continuación

Pues aquí seguimos con la continuación de EL DIAMANTE AZUL.
Desde antes de empezar a escribir decidí hacer una especie de GLOSARIO, con los términos, mitología y demás cosas del mundo que habita Gael... Deseo que se expanda cual Tierra Media JE JE.

En el glosario que espero poder ofreceros pronto, ya que como no puedo subir archivos a este blog he de buscar otro hosting y linkear, hay información que expande de una manera, es mi parecer, "bigbangniana" ¿¡qué palabro!? el universo que si mal no recuerdo tiene nombre... Le puse nombre pero en las notas que dispongo no lo encuentro (que cabeza la mia)

Bueno, en definitiva, os dejo con una pequeña continuación de EL DIAMANTE...

"Y muy lejos de allí, concretamente al sur muy al sur en la pequeña, y para muchos inexistente, isla de Isala, dos jóvenes gnomos vivían en desacuerdos con su mundo, condenados al estudio de su tierra y su historia. Una de las cosas que menos les gus-taban, los jóvenes esclavizados por la tradición deseaban vivir aventuras fuera de los territorios de los gnomos, aullaban por algo de acción, amaban el desconcierto que pro-duce la ignorancia, querían volver a maravillarse con la belleza del mundo.
-¡Por el Dios de los cielos!-aulló Vadid lanzando a la otra parte de la mesa uno de los manuscritos.-Estoy ya harto de tales relatos: Plantas medicinales, historia antigua, genealogía, todo lo hemos estudiado desde nuestro nacimiento y por el Dios de los cie-los nuestro padre no nos salir más allá de estas costas.
-Si tu estúpido deseo de luchar no hubiera florecido, nuestro padre nos respetaría ahora y no tendríamos que rogarle cada vez que deseamos ir a las playas del sur de la isla.
-Sin ese estúpido deseo ¡hermanito! no hubieras salido de los territorios de las minas ¡je, je!-se vanaglorió Vadid.
-¡¡Incompetente testarudo!!-gritó Luar tirando por todo el suelo los pergaminos que había en la mesa.
Los gemelos deslizaron la cabeza hacia la ardiente chimenea que presenciaba la contienda, uno de los manuscritos rodaron por el suelo y se deslizaba despacio hasta caer en las chisporroteantes brasas. Los hermanos gritaron al unísono y se abalanzaron sobre el papel, lo cogieron a la vez y soplaron apagando las llamas que lo cubrían.
-Es mío-decía Luar tumbado en el suelo con las dos manos asiendo fuertemente el chamuscado pergamino.
-Yo lo he apagado antes, ahora lo tengo yo-replicaba su hermano también aga-rrando el papel.
-Comportaos como lo que sois-aulló una voz desde la puerta. Los hermanos gira-ron la cabeza y vieron la reluciente corona y la nívea barba de rey.-Vosotros sois los gnomos más famosos de toda nuestra historia y os comportáis como simples Sporadicus sin mente.
Los gemelos se levantaron raudos, se atusaron un poco y se limpiaron el polvo de las ropas.
-Mirad-sentenció el viejo gnomo señalando la vestimenta de los jóvenes-Sois como los cerdos que criamos en las granjas, sois aquello que ya no es recordado por nuestros más ancestros. Vuestra actitud es francamente reprochable. Ni el gnomo más pobre se comportaría de tal manera.
Mientras el rey gnomo les relataba la acostumbrada retahíla, los gemelos inten-taban esconder tras de sí el quemado manuscrito.
-¿Por qué hacéis que me iracunde cada vez que intento hablar con ustedes? ¿Decídmelo ahora que nadie nos escucha? Hablad por aquellas bocas que hacen que las jóvenes se postren ante vos.
-¡Padre!-la voz de Vadid se convirtió en un hilillo-Estamos-Luar le dio con el codo y éste rápidamente rectificó-ESTOY harto de como nos trata, tenemos más de cien ciclos y muchos de nuestros documentos-dijo cogiendo de la mesa un puñado de ma-nuscritos,-son esenciales para todas las razas...
-NO permitiré que volváis a poner en peligro a la corona con vuestro deseo de lucha-gritó el rey.
-Únicamente te importa la corona y tu reinado-aulló Vadid. En sus ojos había ira pero pudo ver en los ojos de su padre el dolor causado por aquellas palabras.-Lo siento- rectificó calmado.
-Echaría esta corona a las brasas que calientan esta habitación, si con ello supiera que estaríais seguro. Hijo no deseo que vuelva a ocurrir lo mismo que pasó en los territorios de las minas.
-¡¿Las Minas?! Las condenadas minas... fue hace mucho tiempo.


La cálida luz de la chimenea se disipó, el cuerpo inerte del estúpido humano en-torpeció la entrada de su asesino. Muchas espadas, hachas, mandobles y flechas se en-cendieron como antorchas con una luz casi celestial. La oscuridad se sumió dejando la única luz de las armas, los rojos ojos se deslizaron por la oscuridad y Gael notó un peso en su hombro, la fría mano lítica se posó en él.
-Si nos ayuda a destruir la oscuridad que se cierne sobre nosotros hallará la in-formación que deseas-dijo la ronca voz.
Gael sintió un pinchazo en su pierna, notó como la sangre le fluía. Una ardiente flecha cruzó la oscuridad, el gemido de un mercenario acuchilló el silencio. Gael aceptó la oferta viendo como las armas de los demás danzaban solas. El elfo blandió el arma y notó como la hoja se hundía en la putrefacta carne de un Sporadicus.
En la oscuridad los ojos entrenados de un elfo no servían para nada, pero sus oí-dos era tremendamente sensitivos. Las largas noches de los campos de batallas eran buen ejemplo de ello. A todos se les había quedado grabado a fuego en su memoria, los gritos de los prisioneros capturados por el día. Y cuando despuntaba el sol, cuerpos desmembrados empalados en gigantescas estacas de madera, cráneos partidos por mazas pintadas de rojo con la sangre de sus víctimas, caras de espanto y terror petrificadas por con el miedo a sus enemigos.
La luz se hizo rápidamente, el elfo miró hacia arriba y todo el techo ardía como una tea, trozos de techumbre caían sepultando a los inútiles mercenarios. Gael miró hacia la puerta y una inmunda criatura bípeda, casi completamente inundada de pelo con colmillos hediondos, ojos inyectados en sangre roja y ríos de baba cual perro rabioso levantó un herrumbroso hacha por encima de su cabeza y asestó un hachazo en la espalda de un indefenso hombre. El Sporadicus rió como un cerdo, arrancando la hoja ensangrentada de la espalda del cuerpo partido del humano. Gael levantó su espada y con rápido movimiento partió por la mitad el cuerpo infestado de pelo, el hacha cayó al suelo con ruido sordo. Sus oídos captaron una respiración a su espalda, se volvió con la espada por encima de su cabeza y por el rabillo del ojo percibió un resplandor. Cogió el hacha del suelo y lo lanzó con toda la fuerza que pudo reunir, el arma voló por la habi-tación incrustándose en el pecho de otra inmunda sombra de la noche, de su boca salió sangre mezclada con baba. El elfo saltó hacia fuera de la taberna, bloqueó con su espada varias flechas ardiendo y destrozó con ella varios cuerpos de Sporadicus. El oído le vol-vió a avisar, pero esta vez era demasiado tarde. Consiguió bloquear varios hachazos de las sombras pero dos flechas se incrustaron en su carne élfica: una el hombro derecho y otra en el muslo izquierdo. De la boca de Gael no salió ningún sonido, arrancó un trozo de cada flecha y lo tiró al suelo. En su cara había ira. Cerró los ojos y se dejó llevar por el código del guerrero, ahora sus oídos eran su único sentido.

El gnomo incrustó sus pocas pertenencias en una vieja bolsa de piel de Dak, re-galo de un amigo como despedida por la vuelta a las nobles tierras de Isala, y se dispuso a partir fuera de sus campos maternos.
-Hermano que estáis haciendo. Sabéis que padre no os dejará salir de aquí.
-Aunque mis manos se manchen de sangre y el mismísimo dios baje para lavár-melas nunca dejara que salga de estas paredes.
-Sólo quiere protegernos del exterior.
-Únicamente es un viejo enfermo y amargado, tengo la suficiente edad como para valérmelas por mí mismo.
-¡Pero! ¿Y nuestra coronación? ¡Somos sus herederos!
-Eso me da igual, madre está llevando el reino muy bien-dijo cargándo sus pocas pertenencias a la espalda.-Además únicamente uno de nosotros puede reinar... o tú quieres ser la nueva reina."

Bueno... He recibido correos en los cuales se decía que el relato anterior y seguro, desgraciadamente este, tenía falta de ortografía. Puede que como hago un copy/paste del archivo de word muchos de los formatos se pierdan, no preocuparos que en vista de tales errores, en el mismo momento que consiga subir archivos, pondré íntegro el archivo de word, con el susodicho GLOSARIO y LISTA DE PERSONAJES.

sábado, 10 de enero de 2009

Movimiento Bookcrossing

Llevo ya algo de tiempo en lo que se conoce como Bookcrossing, una comunidad donde se comparte libros, seguro que muchos saben de este movimiento, cuyos participantes, llamados BECEROS, hablan y se pasan libros. ¡Lo recomiendo!
Su página web original es: www.bookcrossing.com pero tambien existe un mirror en español en la siguiente web: www.bookcrossing-spain.com.
Cuando llevas un tiempo en algun sitio, te gusta evolucionar y si compartes tus libros te gusta personalizarlos.
Aqui teneis varias etiquetas hechas por mi para colocarlas en los libros.

martes, 6 de enero de 2009



Espero que el roscon junto con los regalos de los tres hombres que curran menos que el sastre de Tarzan, perdonad la broma, no os empachen de fiestas navideñas...
Aun asi solo nos espera descansar hasta que llegue abril que son fiestas de menor apogeo que las navidades pero siempre habra una escapada JE JE.

sábado, 3 de enero de 2009

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!




Con tres días tarde, afortunadamente no de resaca, felicito a todos la llegada del año nuevo.
El año 2008 se ha ido y llega un 2009 que por las previsiones va a ser negro muy negro. Seguro que en un futuro, dirán que aquí es cuando realmente empezó el siglo XXI. Nada de 2000, el 11S o la guerra de Irak. Esto si que va a ser un punto recordado, el estallido de sopetón del globo de las ganancias-finanzas, una explosión que va a inundar al planeta en una crisis (y espero que hayamos aprendido lo que pasó con el crack del 29 y salgamos de aquí mucho antes) que dicen que no saldremos hasta mediados de 2010 y seguro que, desgraciadamente, dejando en la cuneta a muchos otros para el denominado "primer mundo" se "¿recupere?"
Bueno que me voy por las ramas, el 2008 nos dejó muchos buenos recuerdo, ¡Yo por fin estuve casi un año en un trabajo JE JE! Tuve mi primer acceso óptimo a internet, que ya es algo por lo que rezar...
Con los primeros días del nuevo año siempre nos hacemos los clásicos propósitos que a la noche siguiente ya están destruidos. Los míos son sencillos para aquellos que los leen y no están en tú pellejo: Terminar por fín un novela, leer aquello que te queda, encontrar un trabajo que dures mas de un año... ¡¿Estar más atento a este blog JE JE?!
Rn definitiva, que paséis un buen año que todavía queda los reyes...
¡¡¡ADEMAS YA QUEDA POCO PARA SEMANA SANTA JE JE!!!

jueves, 25 de diciembre de 2008

EL DIAMANTE AZUL

Aqui teneis las primeras letras de un relato que estoy creando Su nombre es EL DIAMANTE AZUL y trata sobre una tierra anterior a la hegemonia del hombre donde la magia reinaba y conviviamos con muchas mas razas inteligentes, desde elfos hasta gnomos pasando por gigantes de piedra... Espero que os guste este aperitivo.


Todos aquellos que han codiciado el diamante han muerto en el intento de poseerlo. Y si lo han conseguido su poder les ha corrumpido hasta su extincion.

Hace mucho tiempo en una galaxia lejana, muy, muy lejana… digo… Érase una vez… digo…
Hace eones La Tierra era convulsionada por volcanes, terremotos, y un sinfín de catástrofes, antes que existieran incluso los antiguos dinosaurios. Pero no muy lejos de allí, en un planeta joven, lleno de esplendor… Los hombres gobernaban en su hegemonía conviviendo con innumerables razas: los elfos, magos, gnomos, y toda una clase de linajes con el punto en común de la coexistencia pacifica. En una época donde los hombres se maravillaban de su poder y esplendor e interpretaban el papel de cabeza de familia en una sociedad tan dispar como la que acontecía las nubes de tormenta pronto harían acto de presencia.

La coexistencia pacifica fue rota por la raza más terrible que podía haber existido: la raza de los Sporadicus, terribles guerreros sin piedad que infectaban todo a su paso, ni siquiera los ya desaparecidos Trolls infundaban tanto miedo. La raza de los Sporadicus tuvo su apogeo, la edad oscura, y ahora aunque su linaje está casi extinto todavía hay gente que augura su regreso. Todo ello desgraciadamente gracias al emperador Maraudiensis un despiadado, cruel y terrible tirano.



El resquebrajado sonido de la puerta alertó a los pequeños niños, estos respondieron abalanzándose sobre la figura que cruzaba cansado el umbral de la puerta.
-¡Eh, bichejos! ¿Qué haceis aquí?-dijo el adulto dejando el escudo y la espada de madera sobre la pared cerca del fuego mientras intentaba zafarse de los chavales.
-Mamá ha venido a ver a la tía-respondieron al unísono los dos jóvenes.
-¡Ah, sí! ¡Conque la tía esta en la casa! ¿Y qué es lo que hace aquí pequeños Daks?-decía al intentar hacer cosquillas a sus sobrinos.
-Nosotros no somos unos Daks SOMOS terribles Lups-gritaban los niños intentando hacer un sonido parecido al aullido del lobo.
Al otro lado de la estancia, apoyada en el quicio de la puerta, secándose las lagrimas antes que los niños le vieran y sonriendo forzosamente estaba la hermana del joven.
-¿Gael?
-¿Qué?-preguntó este al ver el dolor en la cara de su hermana.
-Dozta ha muerto.
-¿¡Qué!?-la cara de incredulidad de Gael fue la única respuesta que esperaba su hermana-¡Reiela! ¿Qué es lo que ha pasado?
-Nadie lo sabe hay rumores en la zona norte que buscaba EL DIAMANTE AZUL-dijo Leelandra, dhalia de Gael.
-¿El diamante azul?
-Sí ese asqueroso y codicioso diamante azul-gritó Reiela y se volvió a echar a llorar.
-¡Pero! ¿Cómo?
-Era un maldito mercenario, UN MALDITO MERCENARIO-aulló la hermana y se echó a los brazos de su incrédulo hermano.
-Venga niños vamos a jugar a fuera-dijo Leelandra a los pequeños, que miraron a su madre preocupados pero sin saber que es lo que pasaba.-Haber como hacen los terribles Lups...-animó a los niños mientras abría la puerta y los tres salían a la calle. La mirada de Leelandra se perdió entre los ojos de su amado, sin una palabra le decía muchas cosas.
-No te preocupes, arreglaré esto-dijo Gael a su dhalia sin emitir sonido alguno únicamente moviendo la boca para que no se enterara su hermana.
Habían pasado muchos ciclos desde las guerras del norte. Todo estaba en calma y la relación entre las razas era muy productiva. Para Gael

El suelo era barro, las casas simples chamizos que un mero soplo de viento las derruiría. Gael anduvo despacio, intentando reconocer lo que un día fue su hogar. Era un pueblo fantasma ahora habitado por el olvido, donde los únicos vecinos eran el miedo y el horror. Las guerras por las minas dejaron aquella región despoblada, sin vida e infestada de una podredumbre infinita. Los únicos que la visitaban eran los locos y los mercenarios de todas las razas. Sabía que la información era una moneda de cambio muy valiosa y él sabía mucho sobre la raza de los Maraudiensis. Había luchado contra ellos en el frente norte, había visto producirse las historias que decían muchas de las leyendas: la espuma les salían por la boca como un perro rabioso, se comían a sus enemigos delante de las familias ¡vivos! e incluso decían que eran lacayos del terrible dios de los infiernos Caal. Fuera del poblado el paisaje era aterrador, lo que una vez eran campos de maíz hasta donde se perdía la vista, ahora sólo tierra estéril, sin vida. Pero una cosa le sorprendió, fuera del camino lleno de barro crecía fuerte y sana un poco de Áine la flor de las montañas heladas. Había oído hablar de ella pero creía que únicamente crecía en los inhóspitos parajes de las montañas. Se agachó y olió su aroma tenue y grácil.
Caía la noche, sus garras inundaban el cielo y la única pregunta que rondaba por la cabeza de Gael era la muerte de Dozta. Estaba cerca de las minas y todavía no había rastro de nadie, ni mercenarios ni ladrones e incluso animales. Todo estaba desértico. La oscuridad le envolvía y el terror le embriagaba. La mente es el peor enemigo-se decía. El miedo te paraliza, la Ira te corrompe. Era la letanía principal del código del guerrero, el Budokai. De repente sus sentidos se afinaron, sacó veloz la espada, su luz era cegadora.
-¿Sporadicus?-se preguntó confuso.
Una sombra se abalanzó sobre él, usó la espada pero únicamente cortó el aire. Le sintió a su espalda, se dio la vuelta y volvió a cortar el aire.
-De acuerdo-dijo al viento.
Sus movimientos fueron veloces, tan rápidos que se confundían con las sombras. La espada dejó de brillar. Dos cuerpos cayeron al suelo ensangrentados. Gael guardó la espada y sin prestar atención a los cadáveres siguió su marcha. Los cadáveres inertes en el suelo parecían bestias, aunque su tamaño era descomunal, Gael sabía que eran tremendamente ágiles. Muchos guerreros Sporadicus no portaban armas, pues no las necesitaban, el elfo había visto a centenares de esas bestias arrancar la cabeza a jóvenes guerreros humanos con sus propias manos si esas “zarpas” podían llamarse manos. Incluso en la ya lejana guerra, un grupo de apenas cinco Sporadicus mató a un Golem con armadura de Durilio, pero eso sin pelear por parte del gigante, partiendo en dos mitades a muchos Sporadicus.
Durante varios minutos sus sentidos se agudizaron en previsión de más enemigos acechando en las sombras. No podían ser elementos aislados, los Sporadicus nunca van en tan poco número, se les conoce por sus ataques en miríadas una estrategia poco fiable aunque algo intimidatoria.
La tierra era baldía y estéril, ya nadie pasaba por allí y los comerciantes si podían rodearla lo hacían a pesar de ganar más camino que recorrer. El único interés de toda este desperdicio lo tenían todas aquellas personas que su camino estaba errado, el lugar donde bullía vida, si podía llamarse así, en todo el territorio era “la taberna del Ocaso” uno de las zonas donde tu vida era lo que menos valía. Pero Gael sabía que la información era una moneda de cambio muy común en esas cloacas. Allí únicamente se reunían para comerciar por “debajo de la mesa”, para quebrantar las pocas leyes que reinaban. Y como muchos sabían las armas habían dejado de tener valor desde la Gran Unificación, pocos podían llevar una. Pero empezó a tener valor la información, sobre todo aquella que concerniente al armamento. Una clara ironía pues todos sabían que volveríamos a destruir otros territorios por la simple codicia. De nuevo iba a ver otra cruel guerra. Por ahora todos estábamos viviendo en paz y armonía. Hace ya cuatro años (que lejos le parecía a Gael) un representante de cada raza se reunieron a entablar un conflicto dialéctico y por aquel entonces se tenía una tenue certeza de que la raza de los Sporadicus resurgirían de sus cenizas de la guerra con gran estruendo. Muchos lo dudaban pero cuando Maraudiensis se proclamó emperador aquellas dudas se confirmaron del todo.
Desde fuera se podía oír el murmullo de todos, entre las palabras encriptadas de muchos (un trabalenguas fonético de todos las lenguas de la tierra) Gael distinguía insultos, acuerdos y muchas lenguas sueltas.
Abrió la puerta despacio... Nunca había estado allí y no sabía lo que se iba a encontrar pero estaba seguro que si no tenía lago interesante tendría que usar su espada muy pronto. El lugar no era como se esperaba, una gran sala inundada
Todos se volvieron para ver quién era el que entraba por la puerta, muchos de ellos se sorprendieron del visitante otros volvieron a sus trapicheos habituales, la nube de murmullo apareció otra vez, pero ahora era menor. Algunos seguían mirando a Gael y éste pudo escuchar muchas voces que murmuraban a sus compañeros en diferentes dialectos.
-¡Un elfo! ¡Es un elfo!-se escuchaba en la sala.
Gael se acercó a la barra y antes de abrir la boca un hombre salió corriendo, el elfo sin inmutarse agarró una especie de tridente de uno de los mercenarios y lo lanzó hacia la sombra que se alejaba. El tridente se clavó en el quicio de la puerta junto con la oreja de la huidiza sombra. Todos los presentes se petrificaron, en la quietud del Ocaso los alaridos cual cerdo degollado del hombre era los únicos que daban señal de vida.
-Sólo quiero información-dijo Gael. Desde el fondo unos gigantes mercenarios se levantaron con cara de pocos amigos.
-Los elfos no son bienvenidos aquí-su voz era ronca.-Queremos que te marches o si ¿no?
-Únicamente deseo intercambiar información-decía Gael despacio.-Tengo información...-pegó un puñetazo a su espalda y un trancos cayó tapándose la nariz destrozada con grito lastimero-...sobre las minas del norte.
La cara de muchos presentes se volvió afectiva, deseosa de adquirir aquella información.
-Sólo uno de nosotros desea verdaderamente esa información-dijo el tabernero mientras intentaba limpiar una herrumbrosa jarra.
Todos se callaron excepto el “cerdo” crucificado en la puerta por donde quería huir. Unos ojos rojizos aparecieron por la puerta del fondo, la total concurrencia puso sus ojos sobre aquellos. Todavía ningún sonido incluso el pobre hombre sin oreja había parado de gruñir. Gael miró intrigado a la sombra sin embargo no podía reconocer ningún rasgo, la vista de todo elfo era más que excepcional pero parecía como si esos ojos no tuvieran dueño, levitaran en el quicio de la puerta. Por fin una enorme mano rocosa salió de entre las sombras y arrancó el tridente de la dolorida oreja de su portador, éste cayó como un saco de arena al suelo pero se levantó veloz y fue a esconderse.
-Me dijeron que preguntara por un tipo llamado “El Pasmao”-dijo Gael harto de la larga espera.
La gigantesca mano volvió a las sombras, los ojos parpadearon y todo volvió al principio.
-No queremos por aquí a ningún elfo.-dijo la voz rocosa de la sombra.
-No quiero meteros en problemas...
Todos rieron como hienas ante Gael, se oían comentarios entre las risas de estúpido, loco o demente.
-No eres más que un elfo, seguro que tienes más años que las minas-dijo un hombre que estaba cerca del elfo.
-Por eso sabe tanto de ellas-se escuchó por el final. Todos volvieron a reír con el comentario. Pero el silencio se apoderó de la sala cuando un gruñido salió de las sombras.
-¿Por qué deseas ver a “El Pasmao”?-preguntó la sombra.
-Necesito saber que es lo que le ha pasado a Dozta, era un mercenario.
-A ese estúpido se lo comió un Bantha-aulló una voz desde le fondo.
-Se rumoreaba por aquí que iba en busca del diamante azul-dijo esta vez un trancos de muy mal aliento.
-Se volvió estúpido por estar con un elfo-injurió una voz detrás de Gael.
El elfo se dio la vuelta, pero recibió un golpe que le hizo caer al suelo.
-Hemos dicho que no queremos a nadie de tu especie-dijo el hombre tirando los trozos de silla que le quedaban en las manos.-Y márchate ahora sino recibirás más y...-la figura se petrificó durante varios segundos, después de su garganta salieron unos gorgoritos, el cuerpo sin vida cayó al suelo...