miércoles, 20 de mayo de 2009

MARILYN MONROE, YO Y LA TORRE OSCURA

En mis manos ha caído un libro sobre la sesion fotografica que le hizo Bert Stern a Marilyn Monroe allá por 1962, la última antes de los sucesos que todos conocemos, y se me ha ocurrido esta escena sobre un "What if", un recuro que los editores de comics tienen para poder hacer ucronías en el mundo de Spiderman, Superman o Ironman... Son los clásicos ¿Y si Superman no hubiera llegado a La Tierra? o ¿Y si la araña no hubiera picado a Peter Parker y lo hubiera hecho a no sé Jonah Jameson ;)?

En fin, les dejó este relatillo que ha nacido mezclando mi mitomanía, espero que no excesiva, por M.M., la Torre Oscura y por mi mismo XDD. Disfrutad y comentad.

MARILYN MONROE, YO Y LA TORRE OSCURA

Allí estaba ella, la que una vez fue los sueños de una nación, la diosa que creó los fantasías de una generación intentando hacer los suyos realidad.
Se llevó la mano a la frente en gesto de cansancio sin percatarse que había dejado una mancha. Su cuerpo pivotaba cada rato en una pierna, llevando la mayoría del peso haciendo que su figura se daleara.
La camisa semitransparente dejaba translucir su fina ropa interior, su espalda se arqueaba intentando desechar el cansancio más mental que físico. El pelo rubio platino estaba sujetado en un caótico moño atravesado por dos pinceles limpios. Las gafas le resbalaban de la parte alta de la nariz dando la impresión que miraba por encima de ellas. Volvió rascarse la nariz con la muñeca, manchándosela de un tono rojizo, eso hizo que su aspecto me divirtiera y mi risita me delató. Dejé mi posición apoyada en el quicio de la puerta y me acerqué a ella. Estaba amaneciendo y los rayos tenues del sol atravesaron la ventana e hicieron que mi camisa transparentara más su esbelto, podía ver como los pechos se movían lentamente a cada pincelada de color que daba al cuadro.
Cuando llegué hasta su posición ella se colocó delante del cuadro para que yo no lo viera.
-Todavía no está terminado-dijo subiéndose las gafas. Reconocía aquella sensación de pudor cuando no se estaba convencido de cómo iba quedando algo que creabas, me ocurría a mí con mis relatos y por qué no le iba a ocurrir también a una pintora.
La cogí por la cintura y la traje para mí, agarrándola apasionadamente, como si fuera a darla un interminable beso, un último acercamiento antes de la despedida… Nuestras miradas se encontraron y el fuego de la pasión empezó a arder, pero la engañé y la aparté para poder ver el cuadro a la luz de la mañana que iba naciendo.
Ella se quedó tras de mí con la paleta de colores en una mano, y en la otra uno de los pinceles levantados a la altura de los hombros, con cara de haber caído en la trampa; su expresión cambió cuando giré la cabeza y una sonrisa apareció en mi cara vanagloriándome de mi gesta. Bajó las cejas y soltó un bufido de enfado, cogió el pincel y me pintó una raya en la espalda como si fuera un enemigo furioso y la acción una estocada mortal.
Vaya-exclamé al comprobar el dibujo. Bajó aquella foto que le hicieron una vez, mostrando el cuerpo tan bello que aún a pesar de los años, seguía conservando, yacía el caballete que en el reposaba la pintura que seguro la consagraba como una de ilustradoras del momento: “Sobre un fondo desertico, una figura oscura de aspecto vaquero, se dirigía hacia el horizonte. El viento hacia ondear una especie de poncho asemejándose a una capa de superhéroe. Por encima de él un cuervo planeaba, mirándola, vigilándola. Al fondo, sobre la arena que parecía moverse a como golpe de viento, una torre se perfilaba en el horizonte, cada vez que la veías parecía que desaparecía entre el dibujo. Pero lo que captaba antes tu atención era una hilera de petalos que bailaban al son del viento casi en primer plano, si seguías su camino llegabas hasta una enorme rosa, que al estar lo primero de todo, causaba ese movimiento de ojos hacia la parte baja del cuadro. Allí yacía la flor, que soltaba los pétalos y los dejaba que vagaran libres por el cuadro.”
-Es muy bonito-le dije.
-Aun le falta algo más de color, rectificar algunos tonos-dijo, bajó la paleta y la dejó en una pequeña mesa que tenía cerca, metió el pincel en un bote con agua y se acercó a mí rodeándome la cintura yo rodeé su cuello con mi brazo y la dejé que apoyara la cabeza en mi pecho no sin antes, intentar quitarle la mancha que se había hecho en la nariz.
-No te preocupes seguro que les va a gustar-le besé en la cabeza consolándola.-Y… Ahora ¿Por qué no nos vamos a duchar y nos quitamos toda la pintura que tenemos?
-¿Qué pintura?-dijo levantando la mirada del cuadro hacia mí.
-Esta-le dije untando el dedo en pintura y haciéndole un “uno” en una de las mejillas. Ella abrió la boca con sorpresa y me correspondió pintándome en el pecho una “M”, volví a intentar darle una “estocada” de pintura pero huyó riendo la perseguí por la habitación hasta que la atrapé y los dos caímos en el sofá. Allí sí que la cogí con ternura y pasión y le di aquellos besos que nos inspiraban Bogart y Bacall.
-Venga, vámonos, luego lo podrás terminar-le dije, ayudándola a levantar. Salimos los dos juntos de la habitación en dirección a la ducha y dejamos a aquel personaje en busca de su propio camino.
La luz del sol entró por la ventana con mayor fuerza y como si una inteligencia la guiará solo alumbró con mayor fuerza a aquella rosa, nadie podía verlo pero bajo la mirada inerte de una pasada Marilyn el cuadro cobro vida el “poncho” del vaquero ondeó al aire hacia la izquierda del cuadro y la rosa soltó más pétalos que siguieron su camino como los vagones de un tren, la fondo la torre se disipaba confundiéndose con el cielo y el cuervo aleteó para poder sustentarse un poco más de tiempo.

3 comentarios:

Sonia dijo...

Es un relato muy bonito y evocador, además que ese cuadro del pistolero... me gustaría verlo. Felicidades por el relato, espero que escribas más. ;D

William Ernest Fleming dijo...

Pues era lo que mas o menos tenia pensado para el concurso de afiches de ka tet. que por cierto mucha calidad pero solo siete. Yo es que no he tenido tiempo para algo decente pero si me hubiera gustado.

alcorze dijo...

Enhorabuena, James!